Cuentos cortos La feria

Cuentos cortos La feria

Ya era la segunda semana de agosto y eso solamente significaba una cosa: La feria llegaba al pueblo. Por 30 días, juegos y puestos de comida se colocaban al lado de la iglesia del pueblo.

Eran tan pintorescas y magníficas esas atracciones, que inclusive lograban que otros lugareños de condados cercanos se aproximaran a aquel lugar únicamente con el fin de pasar un rato agradable.

Es cierto que muchas personas aguardaban con ansias que llegara ese momento, pero nadie como Betsy. Ella iba todas las tardes a la feria sólo para poder ver de cerca el carrusel.

Dicho juego era el más grande que había visto en su corta edad. Tenía caballos de varios colores y luces por todos lados. Desafortunadamente, su familia no tenía el dinero suficiente como para pagarle una vuelta en el carrusel.

Por eso acudía a ese lugar y ella como otros niños subían una y otra vez. Mientras la música del juego estaba sonando, ella imaginaba que era una princesa que iba montada en uno de esos corceles propios de cuentos cortos de ensoñación.

Un día uno de los trabajadores de la feria se le acercó a Betsy y le dijo:

– Siempre te vemos por aquí, pero nunca te subes. ¿Te gustaría dar una vuelta?

– No muchas gracias señor. Sólo me gusta mirar.

Obviamente aquel hombre se dio cuenta de que la niña no quería aceptar ese paseo gratis como una limosna, por lo que planeo un ingenioso plan.

Al día siguiente colocó una moneda de plata enterrada cerca del lugar en donde Betsy acostumbraba pararse a observar. Cuando ella llegó, el individuo esperó a que pasaran un par de minutos para luego decirle:

– ¡Eh niña, algo brilla cerca de tu zapato!

La pequeña bajó la vista y vio con mucha alegría y sorpresa que aquel objeto brilloso era una moneda cubierta por tierra. La levantó y fue hacia donde estaba el dependiente para decirle que la cambiaría por una vuelta en el carrusel

El hombre, quien había orquestado todo, le dio el cambio a la niña sin que ésta se diera cuenta que le había reembolsado la totalidad del valor de la moneda. Y es que la felicidad de un infante no tiene precio.

Cuentos de terror y suspenso cortos La nevera de Gabriela


Sonó mi teléfono, el reloj marcaba aproximadamente las 6:00 de la mañana. Del otro lado de la línea se encontraba una mujer sumamente angustiada quien me pidió que enviara una unidad de efectivos para que comenzara la investigación de la desaparición de su hija, cuyo nombre por cierto era Gabriela.

Le expliqué que el procedimiento no era tan sencillo y que lo más que podía hacer por ella, era comunicarle a la línea de detectives del condado. Tengo más de 12 años atendiendo casos de la línea de emergencias y jamás me había topado con una historia que combina los cuentos de terror y suspenso cortos.

Se hizo una primera indagatoria de rutina en donde se interrogó a los familiares de la desaparecida, puesto que no debemos olvidar que en la mayoría de los casos, es la gente allegada a la víctima, quienes resultan culpables.

Al cabo de varios días se despertó esa hipótesis, con lo que los forenses fueron enviados al apartamento de Gabriela. Revisaron la estancia, el comedor y las recámaras sin que nada pareciera fuera de su lugar.

Sin embargo, cuando tocó el turno de revisar la cocina, los oficiales se dieron cuenta de que faltaba el refrigerador. Utilizando luz negra, se pudo encontrar un rastro de gotas de sangre diluidas, que desembocaba en la planta baja del edificio y se extendía hasta el fondo del estacionamiento.

Detrás de dos de los contenedores de basura, un agente pudo encontrar la nevera extraviada. El olor que salía de ese artefacto era de lo más horrendo y asqueroso.

El encargado de la brigada abrió la puerta del refrigerador y horrorizado halló el cuerpo mutilado de la mujer. No obstante, en el congelador les esperaba la sorpresa más espeluznante; la cabeza de Gabriela con una expresión de tremendo pavor, aún con los ojos abiertos. Hasta la fecha no se ha encontrado al asesino.

Extraordinarias leyendas cortas Un amor inconcluso

Extraordinarias leyendas cortas Un amor inconcluso

Eulalia era una joven de clase acomodada, quien acudía sin falta todos los domingos a misa de 12. En ese lugar conoció a Nicandro, un muchacho de clase humilde que en estos momentos se encontraba estudiando poesía.

Ambos quedaron enamorados al instante. Desde ese momento, el chico entraba al templo esperaba a que la misa concluyera y luego a hurtadillas le entregaba un papel doblado a la joven.

En dicha misiva, se podía leer un verso de su inspiración. Eulalia estaba tan entusiasmada con Nicandro que fue a contarles a sus padres que al fin había conocido al amor de su vida.

Ellos conocían muy bien a los progenitores del joven y sabían de sobra que esa unión no debía realizarse sobre todo porque se trataba de unir dos clases sociales absolutamente dispares.

La muchacha fue enviada a Europa donde se casó con un joven aristócrata, en una ceremonia preparada. Nicandro no volvió a saber de ella. El olvidó la poesía y comenzó a sentir que la vida no tenía sentido sin su amada.

Se encerró en su cuarto sin comer y sin beber nada y en menos de una semana murió de inanición. Después se dice que el cuerpo fue depositado en la fosa común debido a que los padres de Nicandro no tenían el dinero para darle cristiana sepultura.

Una noche llamaron a la puerta de la casa en donde vivía Nicandro:

– Abran la puerta, me estoy muriendo de frío.

Una mujer se acercó a la ventana con el fin de mirar quién era el que estaba interrumpiendo su sueño. Al observar de la silueta le pareció que el que estaba afuera era su hijo fallecido.

– Es Nicandro, hay que dejarlo entrar.

– El joven ingresó a la casa como si flotara. Su mirada estaba completamente perdida y su piel era más blanca que el algodón. Luego se desapareció y nunca más lo volvieron a ver.

Poco después llegaron noticias desde España que Eulalia había muerto. Entre las manos de la joven se encontraron los poemas que alguna vez le diera Nicandro. Te invitamos a leer más extraordinarias leyendas cortas.

Leyendas cortas muy antiguas Por una constancia médica

Leyendas cortas muy antiguas Por una constancia médica

Cirilo había cambiado de trabajo recientemente. Sus sueños se habían vuelto realidad y ahora al fin laboraría en la misma compañía en la que trabajó su padre por más de 40 años.

Uno de los requisitos indispensables consistía en hacerse un chequeo médico, pues de lo contrario los directivos de la empresa le negarían su plaza. Subió al subterráneo y mientras iba con dirección a la clínica del sector salud, vio un cartel que estaba pegado en el vagón y que hablaba acerca de una muestra de libros de leyendas cortas muy antiguas.

A él le encantaban este tipo de historias, sobre todo porque el sentir ese intensísimo miedo provocaba que su mente se adentrara en esas páginas.

Bajo del metro y caminó una cuadra hasta la clínica. Después en recepción preguntó el número de consultorio al que debía entrar. Una enfermera le asignó el número 66.

– Muy buenas tardes señor Vásquez, soy el doctor Cervantes, Leo en su expediente que viene a hacerse su chequeo anual.

– ¿Qué extraño? En la compañía no me dijeron que iban a mandar mi información. Pensó.

– Para que el examen comience usted debe acostarse en esa camilla por favor. Dijo el doctor.

– Si, con todo gusto.

El médico se puso unos guantes de color azul y comenzó a palpar el cuello de Raimundo mientras le comentaba su opinión acerca de varios asuntos banales de actualidad.

– Cuénteme ¿le gusta el fútbol? ¿A qué equipo le va? Etc.

Raimundo estaba bastante relajado hasta que de momento el galeno le cuestionó:

– Una cosa más… ¿Cree usted que los vampiros son seres de la ficción o que pueden existir en la vida real?

– Pienso que los vampiros son criaturas mitológicas. Replicó Raimundo.

– Estoy seguro de que ahora cambiará de opinión. Dijo el doctor.

En ese momento, el galeno sujeto al paciente de los hombros y le clavó sus colmillos en la yugular. Tan sólo pasaron unos segundos, para que el vampiro dejara completamente seca a su víctima.

Luego simplemente éste se convirtió en murciélago y salió volando por una de las ventanas del nosocomio sin dejar rastro.

Mitos del fantasma de la casa embrujada

Mitos del fantasma de la casa embrujada

No sé si ustedes se han fijado, pero en varios vecindarios lujosos de las principales ciudades, existen propiedades que han sido abandonadas de manera inexplicable.

Algunas de estas mansiones pertenecieron a celebridades de la farándula, la literatura o inclusive algunas de ellas también formaron parte del patrimonio de algunos personajes políticos.

Es lógico que algunas de estas personas no hayan tenido descendencia, motivo por el cual sus propiedades permanecen sin ser habitadas luego de su deceso, hasta que el estado puede rematarlas.

No obstante, hay mansiones a las que la gente les ha colgado la etiqueta de “Embrujadas”. Uno de los mitos que conozco bien sobre este tópico tiene que ver con la casa de la Baronesa Villaseñor.

Una mujer que vivía con su esposo y su hija. Esa dama era dueña de muchas propiedades y era presidente del Comité que brindaba apoyo a las familias menos favorecidas de la sociedad.

Las personas del pueblo la querían y respetaban, pues siempre que salía a la calle saludaba a todos con una gran sonrisa, sin importarle la raza ni condición social de la gente que se le acercaba a estrecharle la mano.

A pesar de eso, su hija padecía de graves trastornos psicológicos, lo que la condujo a contraer un grave cuadro de depresión. La chica recibió los mejores tratamientos médicos. Sin embargo, su salud no mejoraba.

De hecho por petición expresa de su hija, casi toda la servidumbre de la casa fue despedida, debido a que según ella las actividades que estas personas llevaban a cabo en el domicilio, le provocaban gran malestar.

Una tarde en lo que la Baronesa y su esposo salieron a un evento público. Cuando retornaron a su morada, encontraron a su hija colgada en su dormitorio. Los mitos de terror no surgieron después del suicidio, sino después del homicidio de los miembros restantes de la casa, el cual ocurrió exactamente una semana después del deceso de la joven.