Leyendas cortas muy antiguas Por una constancia médica

Leyendas cortas muy antiguas Por una constancia médica

Cirilo había cambiado de trabajo recientemente. Sus sueños se habían vuelto realidad y ahora al fin laboraría en la misma compañía en la que trabajó su padre por más de 40 años.

Uno de los requisitos indispensables consistía en hacerse un chequeo médico, pues de lo contrario los directivos de la empresa le negarían su plaza. Subió al subterráneo y mientras iba con dirección a la clínica del sector salud, vio un cartel que estaba pegado en el vagón y que hablaba acerca de una muestra de libros de leyendas cortas muy antiguas.

A él le encantaban este tipo de historias, sobre todo porque el sentir ese intensísimo miedo provocaba que su mente se adentrara en esas páginas.

Bajo del metro y caminó una cuadra hasta la clínica. Después en recepción preguntó el número de consultorio al que debía entrar. Una enfermera le asignó el número 66.

– Muy buenas tardes señor Vásquez, soy el doctor Cervantes, Leo en su expediente que viene a hacerse su chequeo anual.

– ¿Qué extraño? En la compañía no me dijeron que iban a mandar mi información. Pensó.

– Para que el examen comience usted debe acostarse en esa camilla por favor. Dijo el doctor.

– Si, con todo gusto.

El médico se puso unos guantes de color azul y comenzó a palpar el cuello de Raimundo mientras le comentaba su opinión acerca de varios asuntos banales de actualidad.

– Cuénteme ¿le gusta el fútbol? ¿A qué equipo le va? Etc.

Raimundo estaba bastante relajado hasta que de momento el galeno le cuestionó:

– Una cosa más… ¿Cree usted que los vampiros son seres de la ficción o que pueden existir en la vida real?

– Pienso que los vampiros son criaturas mitológicas. Replicó Raimundo.

– Estoy seguro de que ahora cambiará de opinión. Dijo el doctor.

En ese momento, el galeno sujeto al paciente de los hombros y le clavó sus colmillos en la yugular. Tan sólo pasaron unos segundos, para que el vampiro dejara completamente seca a su víctima.

Luego simplemente éste se convirtió en murciélago y salió volando por una de las ventanas del nosocomio sin dejar rastro.